viernes, 25 de junio de 2010

“LA MEDITACION DE LA VIDA SEGUN EL P. KENTENICH” P. Humberto Antwandter Cuadernos Patris, Edit. Patris S.A. Santiago, 1977 (89 págs.)

FICHA 1
“Para nuestro Padre Fundador l fe práctica en la Divina Providencia, la convicción del actuar de Dios en la historia personal y general está inseparablemente unida a la reflexión meditativa, a la oración meditativa, a la meditación. No descubro, no percibo ese actuar de Dios si no me detengo a contemplar. Por eso fe práctica en la divina providencia y oración meditativa son dos caras de la misma moneda y se condicionan mutuamente.
La meditación no es, en primer lugar, una determinada acción o un ejercicio práctico exterior. Es una actitud interior; es un tratar de encontrarse con el Dios de la vida en la propia vida, para que ese Dios de la vida se convierta en Dios de mi vida.
Para esto el p. Kentenich (p. K.) propone un cierto método que tiene vigencia y fecundidad en la medida en que está inspirado en la actitud de la fe práctica. Eso no significa que él excluya otros métodos que nos ayudan a recuperar la tranquilidad interior. Hay muchas formas, ejercicios o prácticas que, en medio del ajetreo, en medio de las presiones de la vida diaria, no ayudan a tranquilizarnos, a serenarnos, a guardar la paz, la tranquilidad, la calma. Así, por ejemplo, el training de las meditaciones trascendentales, los ejercicios de yoga; éstos, si bien tienen subyacente una determinada antropología y visión religiosa no siempre compatible con el cristianismo, tienen un efecto de apaciguamiento, de tranquilidad, de serenidad, que a muchas personas en el vértigo del actuar de hoy les ayuda a serenarse, pero no les dice nada más allá una vez adquirida la serenidad. La serenidad es un regalo para algo; la serenidad por sí misma no basta.” (p. 6-7-)


FICHA 2
“Para la práctica concreta de la meditación el p. K. propone tres preguntas sencillas que cada uno puede formular a su manera:
Primera pregunta:
Ante cada acontecimiento o vivencia que hago yo objeto de mi reflexión, de mi meditación, me pregunto ¿qué me dice Dios a mí a través de ese hecho?
Segunda pregunta:
¿Qué me digo yo a mí mismo por esto que está ocurriendo o que me ha ocurrido?
Tercera pregunta
¿Qué le respondo yo a Dios?
Resumiendo, se trata de un esquema en que el p K. nos invita a ejercer la meditación: qué me dice Dios, qué me digo yo, qué le respondo a Dios?”(p.8)


FICHA 3
“La meditación es tratar de encontrarse con Dios, de dialogar con Dios. Para ello necesitamos la fuerza y la presencia del Espíritu Santo. Es El quien une el Padre y el Hijo, El es el diálogo entre el Padre y el Hijo y es quien nos enseña a dialogar con el Pare, con Cristo, con la Mater, con nosotros mismos, a la luz de Dios.” (p. 9)


FICHA 4
“La meditación del día transcurrido se hace en la tarde o en la noche. La meditación del día anterior se puede hacer en la mañana siguiente. LA meditación puede ser sobre el día anterior, sobre la semana anterior, el último tiempo. Depende de qué espacio queremos meditar, de aquello que espontáneamente nos venga a la mente y al corazón. Porque eso será una vivencia que nos tocó, una alegría, una gran pena o dolor, algo que nos motivó especialmente.” (p. 9)


FICHA 5
“Tantas cosas pasan por la mente y el corazón; mucho me digo a mí mismo ¿Qué le respondo a Dios, qué le digo a Dios?
Le expresamos nuestros sentimientos. Aprender a expresar nuestros sentimientos, dialogarlos con Dios, conversarlos con El. No necesito hacer un discurso a Dios sino poder decirle lo que estoy sintiendo.” (p. 11)


FICHA 6
“Expresamos nuestra gratitud. El sentimiento de gratitud se descubre cuando se descubre algo, cuando se experimenta una ayuda...” (p. 12)


FICHA 7
“Queremos aprender a encontrarnos con el Dios de la vida, con el Dios de mi vida, el Dios de nuestra vida. Y encontrarnos con El hoy, ahora, y no especialmente en el ámbito religioso explícitamente, donde normalmente es más fácil porque se escucha una homilía, o porque vamos a rezar al Santuario o participamos en una eucaristía, sino en el ámbito de lo que está ocurriendo cada día, donde los actores son personas humanas de carne y hueso y no santos con aureolas y, por eso, los vemos tal cual son: personas humanas.
En ellas (las personas) tenemos que ver la transparencia y descubrir que ellas también son instrumentos de Dios. En Schoenstatt decimos que Dios gobierna al mundo mediante causas segundas libres, especialmente a través de personas humanas. En teoría es fácil decirlo, pero en la práctica se nos hace difícil.
Para poder descubrir esa acción de Dios y asumirla, necesitamos detenernos, necesitamos ejercitar la fe.

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